calzado de seguridad punzantes. También hay que tener en cuenta que el largo y el ancho sean adecuados, con una altura de pala correcta, así como una altura de tacón de entre dos y tres centímetros y nunca mayor de cuatro. Se debe tener en cuenta si el trabajador usa tratamientos ortopédicos, ya que es conveniente que el calzado permita la extracción de la plantilla interior del zapato o bota y su sustitución por el tratamiento a medida. Además, existen modelos con propiedades aislantes, resistentes a productos químicos o adaptados a condiciones extremas de temperatura, lo que permite cubrir una amplia variedad de entornos laborales. Un buen calzado de seguridad debe ofrecer ergonomía, confort y adaptabilidad. La amortiguación adecuada reduce el impacto en cada pisada, mientras que un buen soporte del arco plantar ayuda a mantener una postura correcta. Asimismo, los materiales transpirables evitan la acumulación de humedad, reduciendo el riesgo de infecciones y mejorando la comodidad durante largas jornadas. Puesto de trabajo Otro aspecto relevante es la correcta selección del calzado en función del puesto de trabajo. No todos los entornos requieren el mismo nivel de protección. Por ello, es esencial realizar una evaluación de riesgos previa y elegir un calzado que cumpla con las normativas vigentes y que se adapte a las necesidades específicas de cada actividad. La concienciación y la formación también juegan un papel crucial. De poco sirve contar con un buen calzado si no se utiliza correctamente o si no se reemplaza cuando ha superado su vida útil. Las empresas deben fomentar una cultura preventiva, proporcionando información y recursos a sus empleados, y asegurando que el calzado forme parte de una estrategia integral de seguridad laboral. No debemos olvidarnos de usar los calcetines adecuados. El calcetín estará en contacto directo con nuestros pies y dentro del calzado de seguridad, por lo que es un elemento clave a tener en cuenta. Siempre debemos elegir fibras naturales que favorecerán la correcta transpiración, evitando el exceso de humedad dentro del calzado; estas se pueden ir variando desde el algodón a la lana según la época del año o el puesto de trabajo concreto. La altura de la caña del calcetín debe ir acorde con la del calzado; hay que evitar las costuras y buscar las opciones que cuenten con refuerzos en las zonas del antepié y del talón, ya que son las zonas en las que más peso cargamos al caminar. En conclusión, el calzado de seguridad no es un elemento accesorio, sino una herramienta esencial para la protección de la salud de los trabajadores. Su impacto va más allá de la prevención de accidentes inmediatos, influyendo directamente en el bienestar físico, la comodidad y el rendimiento laboral. Apostar por un calzado adecuado es una inversión en seguridad, productividad y calidad de vida; no es un gasto, sino una estrategia eficaz de prevención y bienestar laboral. Los profesionales de la podología seremos los encargados de aconsejar el calzado más adecuado dentro de este amplio abanico, teniendo en cuenta el puesto laboral de cada persona y la biomecánica de su pie. / Julio-Agosto 2026 55
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