prl en trabajos de altura y construcción de cargas de trabajo sobre el resto de la plantilla, pérdida de productividad y deterioro del clima laboral. La incapacidad temporal constituye el principal componente del absentismo. El Banco de España ha puesto de manifiesto que el porcentaje de personas ocupadas en situación de incapacidad temporal pasó del 2,7% en 2019 al 4,4% en 2024, con un aumento generalizado por sectores, edades y territorios. A ello se suma el diagnóstico de la AIReF, que en 2026 ha advertido de una deficiencia estructural en la gestión de la incapacidad temporal, con un incremento cercano al 60% en la incidencia de las bajas por contingencias comunes entre 2017 y 2024 y una duración media que pasó de 40 a 45,9 días (foto 4). En construcción concurren, además, factores específicos. Es un sector con elevada exigencia física, exposición a posturas forzadas, manipulación manual de cargas, trabajos en altura, desplazamientos por obra, condiciones ambientales cambiantes y ritmos de producción condicionados por plazos. Todo ello favorece la aparición de patologías musculoesqueléticas. En este sentido, el INSST recuerda que los accidentes por sobresfuerzo físico sobre el sistema musculoesquelético representaron en 2024 el 29,3% de los accidentes de trabajo con baja en jornada en España. A esta realidad se añade el envejecimiento progresivo de la población trabajadora del sector. Diversas informaciones sectoriales vinculadas al informe de la CNC señalan que la edad media en la construcción habría pasado de 38,5 años en 2008 a 45,4 años en 2025. Esta evolución incrementa la probabilidad de procesos de baja asociados a patologías crónicas, lesiones degenerativas o recuperación más lenta tras accidentes y enfermedades. Por tanto, el absentismo en la construcción no puede abordarse de forma simplista ni exclusivamente disciplinaria. Requiere una actuación integral que combine prevención real, gestión adecuada de la incapacidad temporal, mejora de las condiciones ergonómicas, planificación de plantillas, adaptación de puestos, vigilancia de la salud eficaz y coordinación entre empresas, servicios de prevención, mutuas y sistema público de salud. Desde el punto de vista preventivo, las empresas deben reforzar la evaluación de riesgos ergonómicos y también psicosociales, la planificación de tareas físicamente exigentes, la mecanización de trabajos, la rotación de puestos cuando sea viable, la formación práctica y la investigación de daños a la salud. También resulta necesario revisar si las evaluaciones de riesgos recogen adecuadamente las condiciones reales de ejecución de los trabajos, y no únicamente una descripción genérica de los puestos. Asimismo, conviene incorporar una mirada prospectiva. Parte de la evolución futura del absentismo en construcción dependerá de cómo avance la transformación productiva del sector. La industrialización de procesos —mediante la fabricación en taller de módulos de baño, cocinas, cerramientos, instalaciones o elementos estructurales para su posterior montaje en obra— puede reducir de forma significativa determinadas exposiciones tradicionales: trabajos Foto 2. Foto 3. / Mayo-Junio 2026 47
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