/ Mayo-Junio 2026 46 prl en trabajos de altura y construcción El absentismo laboral puede definirse, en sentido amplio, como toda ausencia del trabajador durante el tiempo en que debía prestar servicios. Ahora bien, desde una perspectiva técnica y preventiva, no debe analizarse únicamente como una pérdida de horas de trabajo, sino como un indicador del estado real de salud de las plantillas, de la organización del trabajo y de la eficacia de las políticas preventivas implantadas en las empresas. En los últimos años, el absentismo ha adquirido una relevancia creciente en España. Según Randstad Research, la tasa de absentismo cerró 2025 en el 7,1% de las horas pactadas, afectando diariamente a casi 1,6 millones de trabajadores. Se trata de una cifra próxima a máximos históricos y que confirma que el fenómeno no es coyuntural, sino estructural (foto 1). En el sector de la construcción esta realidad presenta una especial importancia. La Confederación Nacional de la Construcción (CNC) señala que, en 2025, el absentismo alcanzó casi 113 horas anuales por asalariado, lo que equivale a 14 jornadas completas de ocho horas o, en términos prácticos, a casi tres semanas laborales por trabajador. La tasa sectorial se situó en el 6,2% de la jornada pactada efectiva, el máximo de la serie reciente (foto 2). Este dato, por sí solo, permite dimensionar el problema. No hablamos de incidencias aisladas, sino de un volumen de tiempo no trabajado con capacidad suficiente para alterar la planificación de las obras, afectar a los rendimientos previstos, tensionar los plazos contractuales y obligar a reorganizar equipos, tajos y subcontratas. En un sector donde muchas actividades se desarrollan de forma secuencial e interdependiente, la ausencia de un oficial, encargado, gruista, maquinista o recurso preventivo puede tener efectos que exceden ampliamente la mera pérdida individual de horas (foto3). El impacto económico también es relevante. La CNC estima que el coste empresarial del absentismo en la construcción ascendió en 2025 a 3.565 millones de euros, casi el triple que en 2018, cifra equivalente al 1,7% de las ventas del sector. No obstante, limitar el análisis al coste económico sería insuficiente. El absentismo debe valorarse también por sus efectos organizativos: retrasos, sustituciones improvisadas, incremento El absentismo en el sector de la construcción Ramón Pérez Merlos Director del servicio de PRL de ETOSA Luis Salgado Cabrero Responsable seguridad y salud de la FLC CT Cantabria Foto 1.
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