artículo técnico Definir umbrales claros de activación constituye otro factor determinante. Establecer a partir de qué temperatura se adaptan los horarios, cuándo se intensifican las pausas, en qué condiciones se paraliza una actividad o se limita la movilidad permite adoptar decisiones rápidas, coherentes y basadas en criterios objetivos. La participación de la dirección, los servicios de prevención y la representación de las personas trabajadoras refuerza la eficacia de estos protocolos. El diálogo y la implicación de todos los niveles organizativos facilitan su aceptación, mejoran su calidad técnica y permiten adaptar las medidas a la realidad operativa. Criterios prácticos para el diseño de protocolos frente a condiciones climatológicas adversas Criterios prácticos para diseñar protocolos eficaces Respuesta empresarial a los sistemas oficiales de alerta y vigilancia meteorológica, prestando atención a partir de los avisos amarillos, que indican que debemos empezar a estar alerta (fase 1 -vigilancia o prealerta). Alinear los protocolos con los planes de protección civil del territorio donde se ubica el centro de trabajo, de modo que, en fases de alerta o emergencia (fase 2), las decisiones empresariales sean coherentes con las restricciones, recomendaciones o instrucciones de las autoridades competentes en materia de movilidad, confinamiento o evacuación. Establecer canales de comunicación entre la autoridad competente, la empresa y las personas trabajadoras, garantizando que la información llegue a la plantilla de forma rápida, comprensible y contrastada. Definir medidas concretas, adaptadas a cada tipo de fenómeno, nivel de riesgo y a la realidad del centro de trabajo, según si se realizan actividades en exterior o interior, la intensidad física, trabajos en solitario o servicios esenciales. Por ejemplo: Situaciones de calor extremo (naranja-alerta): redistribución de tareas, adaptación de ritmos de trabajo, aumento de pausas y reorganización de horarios. Situaciones de lluvias torrenciales, inundaciones o viento extremo (rojo-emergencia): identificar zonas seguras, rutas de evacuación y actuaciones técnicas sobre instalaciones. Prever la limitación de la movilidad innecesaria y la paralización de actividades. Contemplar medidas de retorno (fase 3) para garantizar que la actividad se reemprende con seguridad, incluyendo comprobaciones del estado de las instalaciones y, en caso necesario, la reevaluación de riesgos. Los protocolos deberán revisarse y actualizarse de forma periódica. Se deberá formar a las personas trabajadoras e integrar estas medidas en los planes de autoprotección. Conclusión Los nuevos riesgos medioambientales derivados del cambio climático y de las condiciones climatológicas adversas, así como la evolución del marco normativo en materia de prevención de riesgos, obligan a las empresas a avanzar más allá de la evaluación de los riesgos intrínsecos de la organización. Es imprescindible integrar estos nuevos riesgos externos en la gestión preventiva, de forma que sea posible anticiparse a posibles escenarios críticos mediante la implantación, integración y entrenamiento de protocolos de actuación. De este modo, la planificación preventiva se transforma en una acción eficaz, capaz de garantizar una protección real de las personas trabajadoras frente a un entorno climático cada vez más exigente y cambiante. / Mayo-Junio 2026 35
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