seguridad laboral frente al amianto y la sílice igualmente pueden liberar fibras si se manipulan de forma inadecuada. Antes de iniciar cualquier intervención en un edificio o instalación susceptible de contener amianto, es imprescindible realizar un inventario. Este inventario consiste en la identificación de materiales que contienen amianto, su localización, su estado de conservación y el nivel de riesgo asociado. La inspección visual por personal especializado se debe complementar con el análisis de muestras en un laboratorio acreditado. Esta obligación emana de diversa legislación vigente y, en general, diremos que es responsabilidad de la propiedad del inmueble y de las empresas que tienen trabajadores en un entorno en el que podría haber una exposición al amianto. Disponer de un inventario facilita la planificación de futuras intervenciones y reduce el riesgo de exposiciones accidentales o inadvertidas. Plan de trabajo Cuando es necesario retirar o manipular materiales con amianto, la normativa exige la elaboración de un plan de trabajo que describa detalladamente las operaciones previstas y las medidas de prevención que se aplicarán. Este plan de trabajo lo debe realizar la empresa que hará el desamiantado. Existen planes de trabajo específicos para intervenciones concretas, que es el caso más frecuente, y planes genéricos, muy limitados en su campo de aplicación y que cubren determinadas operaciones repetitivas de menor complejidad, urgentes, pequeñas y no previsibles en el tiempo. Todos los planes deben ser aprobados por la autoridad laboral antes del inicio de los trabajos. La empresa encargada del desamiantado debe estar inscrita en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto (RERA) y disponer de medios técnicos y organizativos adecuados. Entre estos medios se incluyen equipos de aspiración con filtración absoluta, unidades de descontaminación para el personal, equipos de protección individual específicos y procedimientos de trabajo documentados. Asimismo, la empresa debe garantizar para los trabajadores la formación específica y los protocolos de vigilancia de la salud laboral. El personal que lleva a cabo estos trabajos debe utilizar equipos de protección adecuados, incluyendo mascarillas con filtros de alta eficacia o equipos de protección respiratoria motorizados, monos desechables, guantes y calzado de seguridad. Además, deben seguir procedimientos estrictos de descontaminación al abandonar la zona de trabajo. En la práctica, una de las medidas más eficaces para reducir la emisión de fibras es el uso de líquidos encapsulantes; evita la dispersión de fibras. Siempre que sea posible, los elementos deben desmontarse enteros, evitando operaciones como el corte con herramientas abrasivas o la rotura de piezas. En el caso de materiales friables, es necesario instalar confinamientos estancos en la zona de trabajo. Estos confinamientos se realizan mediante estructuras temporales cerradas con láminas plásticas y dotadas de sistemas de depresión mediante extractores con filtros HEPA. De esta forma se evita que las fibras puedan escapar al exterior. Durante los trabajos se realizan controles ambientales para verificar la concentración de fibras en el aire y la monitorización de la depresión en el confinamiento. Una vez retirados, los materiales con amianto deben gestionarse como residuos peligrosos, debidamente etiquetados, y son entregados a gestores autorizados. La retirada segura de materiales con amianto requiere, por tanto, una planificación rigurosa, personal especializado y el cumplimiento estricto de los procedimientos establecidos. Solo mediante la aplicación sistemática de estas medidas es posible minimizar la exposición de los trabajadores y evitar la liberación de fibras al medio ambiente. / Marzo-Abril 2026 83
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