Formación de Seguridad Laboral 209

/ Septiembre-Octubre 2026 34 artículo técnico Cualquier profesional de la prevención ha escuchado alguna vez la frase: "la gente no usa los EPIs". Es un comentario habitual durante una visita de obra, una auditoría o una inspección. Y, con frecuencia, la conversación termina ahí, como si el problema pudiera explicarse únicamente por una cuestión de actitud o de falta de compromiso. Sin embargo, quienes llevamos años trabajando sobre el terreno sabemos que la realidad es bastante más compleja. Es cierto que existen incumplimientos deliberados, pero también hay equipos incómodos, mal adaptados a la tarea, incompatibles entre sí o seleccionados sin considerar cómo desarrolla realmente su trabajo una persona durante ocho o diez horas seguidas. Quizá una de las reflexiones que necesita la prevención actual sea precisamente esa: dejar de entender el equipo de protección individual como un simple requisito documental y empezar a verlo como una herramienta que debe ser eficaz, cómoda y compatible con la actividad diaria. Porque la realidad habla por sí sola. Todos hemos visto gafas de protección colocadas sobre la cabeza, cascos prácticamente nuevos meses después de su entrega o equipos que solo aparecen cuando se anuncia una visita. En la mayoría de las ocasiones, ese comportamiento no responde al deseo de asumir riesgos. Responde, más bien, a la distancia que todavía existe entre la prevención diseñada sobre el papel y la que se vive cada día en una obra, una industria o un servicio de mantenimiento. Última barrera frente al riesgo No conviene olvidar que el EPI constituye la última barrera frente al riesgo. Antes deben haberse aplicado los principios de la acción preventiva establecidos en el artículo 15 de la Ley 31/1995: eliminar el riesgo cuando sea posible, adoptar medidas técnicas, implantar protecciones colectivas y organizar el trabajo de forma segura. El Real Decreto 773/1997, que regula los equipos de protección individual, insiste además en que estos deben seleccionarse teniendo en cuenta tanto los riesgos existentes como las características del puesto y de la persona que va a utilizarlos. Cuando el trabajador elige ponerse el EPI: ergonomía y factor humano en la protección individual Silvia Costa Albert Coordinadora de Seguridad y Salud en SOMEQUIP 2.0

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