Formación de Seguridad Laboral 209

/ Septiembre-Octubre 2026 12 encuentros con Andrés Ortega, director nacional de Prevor España, centró su intervención en cómo deben prepararse las organizaciones para responder de forma eficaz ante un accidente químico y reducir sus consecuencias sobre las personas. Durante la ponencia se recordó que una quemadura química no se limita a la superficie: el producto puede penetrar en los tejidos, reaccionar y generar daños irreversibles. Por ello, la rapidez de actuación resulta determinante, ya que la profundidad alcanzada condiciona el pronóstico y no todas las sustancias actúan con la misma velocidad ni mediante el mismo mecanismo. En este sentido, no se trata únicamente de “lavar”, sino de ganar tiempo biológico. A partir de ahí, la respuesta se planteó como una cadena que debe estar diseñada de antemano: identificar el riesgo, establecer barreras, actuar tras el contacto, realizar un lavado inmediato y eficaz y asegurar posteriormente el control, la derivación y el seguimiento. Cuando la sustancia alcanza la piel o los ojos, la respuesta no puede depender de la improvisación. También se explicó que no todas las soluciones de lavado ofrecen la misma eficacia. Aunque el agua ha sido tradicionalmente la referencia, actúa principalmente mediante el arrastre superficial y su eficacia disminuye cuando el producto químico ha penetrado en los tejidos. La intervención presentó avances recientes en descontaminación química y destacó la importancia de contar con una solución adecuada que ayude a limitar la penetración, la reacción del producto y la evolución de la lesión, tanto en una actuación inmediata como cuando el lavado se inicia con retraso. La intervención puso además el foco en la necesidad de convertir la respuesta en un sistema. El dispositivo debe encontrarse en el punto donde puede producirse el accidente, el protocolo tiene que ser sencillo y comprensible y los trabajadores deben estar entrenados mediante simulaciones realistas. De este modo, la actuación puede comenzar en segundos o minutos, sin esperar a la llegada de ayuda externa. Como ejemplo de aplicación real, se expusieron varios incidentes ocurridos en Bridgestone Basauri, entre ellos exposiciones oculares y faciales durante distintas tareas, en los que la disponibilidad inmediata de una respuesta preparada permitió actuar con rapidez. La experiencia sirvió para reforzar una de las principales ideas de la ponencia: la excelencia en la respuesta empieza antes de que ocurra el accidente. En sus conclusiones, se señaló que una gestión eficaz del riesgo químico exige mapear tareas y puntos críticos, adaptar los dispositivos al tipo de exposición, formar a usuarios y mandos y auditar de manera periódica su disponibilidad y accesibilidad. En definitiva, la excelencia preventiva no se demuestra solo antes del accidente, sino también en los primeros momentos posteriores. Prevor destaca que la excelencia ante el riesgo químico comienza antes del accidente

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