calzado de seguridad Un trabajador que pasa muchas horas de pie o caminando necesita sujeción, estabilidad y amortiguación. Cuando el calzado es incómodo, demasiado rígido, no transpira o no se ajusta bien, aparecen molestias, sobrecargas, rozaduras y cansancio prematuro. Esa incomodidad termina afectando a la concentración, al rendimiento y a la forma de desplazarse, lo que incrementa la probabilidad de tropezones y caídas al mismo nivel. La prevención eficaz no solo consiste en evitar el accidente grave, sino también en reducir el desgaste físico acumulado que compromete la salud a medio y largo plazo. Desde el punto de vista empresarial, invertir en calzado de protección de calidad es una decisión rentable. Reduce bajas, mejora el bienestar de la plantilla, refuerza la cultura preventiva y transmite una imagen de profesionalidad y compromiso. Cuando una empresa entrega un equipo adecuado, homologado y adaptado al puesto, demuestra que la seguridad no es un trámite documental, sino una prioridad real. Sin embargo, esa inversión solo da resultados si va acompañada de información, formación y seguimiento. El trabajador debe saber por qué ese calzado es necesario, cómo utilizarlo correctamente, cuándo sustituirlo y qué limitaciones tiene. Mantenimiento e inspección También es importante recordar que el calzado de protección necesita mantenimiento e inspección. Una bota desgastada, con la suela lisa, costuras abiertas o pérdida de propiedades de seguridad, puede generar una falsa sensación de protección. En muchas ocasiones el equipo se entrega, pero no se revisa después. La empresa debe establecer criterios claros de reposición y el trabajador debe comunicar cualquier deterioro que comprometa su eficacia. Igual de importante es favorecer el uso real del equipo, evitando modelos pesados o inadecuados que acaben relegados por incomodidad. Elemento esencial En definitiva, proteger los pies es proteger la movilidad, el equilibrio y la capacidad de trabajar con seguridad. El calzado de protección no debe entenderse como una obligación secundaria, sino como un elemento esencial dentro de la prevención. Elegirlo bien, usarlo siempre y revisarlo de forma periódica marca la diferencia entre una jornada segura y un accidente evitable. En seguridad laboral, muchas veces los grandes problemas empiezan por no prestar atención a lo que pisamos cada día. A ello se suma un aspecto frecuentemente olvidado: la participación de los mandos intermedios y de los servicios de prevención en la elección del calzado. Escuchar a quienes lo usan permite detectar fallos de diseño, problemas de talla, incompatibilidades con plantillas médicas o necesidades específicas según la tarea. No todos los trabajadores pisan igual ni todos los terrenos exigen la misma respuesta de la suela. Por eso, la selección debe combinar cumplimiento normativo, experiencia práctica y confort. Cuando la prevención se adapta a la realidad del puesto, el uso del equipo mejora de manera notable y la protección deja de ser una imposición para convertirse en una herramienta útil y asumida con naturalidad. Ese cambio cultural también reduce incumplimientos y resistencias. / Julio-Agosto 2026 65
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