PRL en la industria química entra el vestuario: cumplir la EN 1149-5 garantiza que la prenda disipa la carga electrostática y que no se acumula, un requisito necesario en estos entornos, pero no es una certificación ATEX en sí misma; son cosas distintas. Dicho esto, centrarse únicamente en la propiedad antiestática es quedarse a medias. En una planta química o farmacéutica es habitual que los riesgos se solapen: polvo en suspensión, productos químicos en distintas formas, riesgo biológico o atmósfera potencialmente explosiva, todo al mismo tiempo. En esos casos, la protección debe estar alineada con el conjunto, no con cada riesgo por separado. Según el entorno, puede ser necesario un traje Tipo 5 contra partículas (EN 13982-1), un Tipo 6 para salpicaduras ligeras (EN 13034), o niveles superiores como el Tipo 3 o Tipo 4 (EN 14605) si hay aerosoles o líquidos a presión... Cuando estos equipos se usan en zonas ATEX, la EN 1149-5 no es un añadido: es lo que hace que todo lo demás tenga sentido. Más allá de una prenda Lógicamente, de poco sirve un buzo antiestático si el calzado, los guantes o cualquier otro complemento no está a la misma altura. La propiedad antiestática no se limita al vestuario, y cada elemento del conjunto tiene su propia norma de referencia: el calzado debe cumplir la EN ISO 20345 o la EN ISO 20347 si no incorpora puntera de seguridad, AN o ESD conforme a la EN 61340-4-3; los guantes, la EN 16350, específica para entornos con riesgo electrostático; y los equipos de protección respiratoria deben ser compatibles con el entorno explosivo, algo que cada fabricante certifica mediante ensayos específicos. Es la suma de todos ellos la que convierte un conjunto de EPIs en una zona de trabajo realmente segura. Por eso, y desde mi experiencia, tener un único interlocutor que ofrezca cobertura global para todo el conjunto cambia bastante las cosas. No solo porque simplifica la gestión, una sola llamada, un solo criterio técnico para todo, sino porque garantiza que cada pieza se ha elegido pensando en las demás y no de forma aislada. Cuando el vestuario, el calzado, los guantes y el resto de complementos, los selecciona alguien que entiende la casuística y conoce el entorno real, desaparecen precisamente esos huecos que surgen cuando cada EPI se compra por separado, sin que nadie haya valorado si encajan entre sí o si existen soluciones que aporten más valor al conjunto. El valor operativo del vestuario de protección desechable Hay una pregunta que surge en muchas conversaciones: ¿qué hacemos con esto cuando terminamos? Es sencilla, práctica, y tiene mucho más peso del que parece. El vestuario desechable nos da una respuesta clara: se retira de forma controlada al salir de la zona, sin arrastrar contaminantes a otras áreas y sin los tiempos que implica un proceso de descontaminación. En instalaciones donde conviven riesgos químicos, biológicos y de seguridad de proceso, eso se traduce en menos fricciones operativas y en una gestión del final de la intervención mucho más limpia. Y ahí es donde entra otro aspecto que cada vez pesa más en las decisiones de compra: la gestión de residuos. El vestuario desechable, una vez retirado, se clasifica y gestiona como residuo según su nivel de contaminación, siguiendo los La propiedad antiestática no se limita al vestuario, y cada elemento del conjunto tiene su propia norma de referencia / Julio-Agosto 2026 25
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