Formación de Seguridad Laboral 206

/ Marzo-Abril 2026 22 prl frente a altas temperaturas Las olas de calor ya no son episodios aislados. En los últimos años, las altas temperaturas se han convertido en un riesgo estructural que afecta de forma directa a miles de empleados públicos: policías locales, mantenimiento urbano, jardinería, limpieza viaria, protección civil o personal de servicios sociales que trabaja en entornos no climatizados. Pero más allá de los efectos físicos -deshidratación, agotamiento, golpe de calor–, el impacto del calor extremo tiene una dimensión conductual y psicosocial que empieza a ocupar un lugar central en la prevención de riesgos laborales. Hoy, la clave no es solo medir grados centígrados. Es entender cómo el calor modifica la conducta, influye en la toma de decisiones y altera la percepción del riesgo. El calor y la conducta laboral: un riesgo silencioso. Las altas temperaturas afectan directamente al funcionamiento cognitivo. Diversos estudios han demostrado que el calor extremo puede provocar: Disminución de la atención y concentración. Incremento de la irritabilidad y conflictos interpersonales. Mayor impulsividad en la toma de decisiones. Reducción de la capacidad de análisis y juicio crítico. En la Administración pública, donde muchas tareas implican responsabilidad directa sobre infraestructuras, ciudadanía o seguridad, estas alteraciones conductuales pueden tener consecuencias relevantes. Un trabajador que decide “terminar rápido” una tarea en condiciones de calor extremo puede asumir riesgos innecesarios. Un conductor de maquinaria pesada con fatiga térmica puede reaccionar más lentamente. Un responsable de equipo puede subestimar señales de alerta por presión organizativa. El calor, por tanto, no solo es un riesgo fisiológico: es un factor que modifica comportamientos. Riesgos psicosociales asociados a las altas temperaturas. Las condiciones térmicas extremas incrementan factores psicosociales preexistentes y generan otros nuevos: Estrés térmico y presión operativa. Cuando las temperaturas son elevadas y el volumen de trabajo no se adapta, aparece una combinación peligrosa: exigencia elevada y menor rendimiento cognitivo. Esto aumenta el estrés y la percepción de falta de control. Conflictos interpersonales. La irritabilidad asociada al calor puede generar tensiones en equipos que trabajan al aire libre o en espacios cerrados mal climatizados. Fatiga acumulada. El descanso nocturno suele ser peor durante olas de calor. La privación de sueño incrementa errores y reduce la tolerancia a la frustración. Cultura del “aguante y persistencia”. En algunos entornos operativos persiste la idea de que resistir el calor es parte del trabajo. Esta presión social puede dificultar que los trabajadores pidan pausas o reconozcan síntomas iniciales. Abordar estos riesgos requiere integrar la variable térmica dentro de la evaluación psicosocial, no tratarla únicamente como un riesgo físico aislado. La toma de decisiones del trabajador: pieza clave en la prevención de accidentes. Un elemento fundamental en la gestión del riesgo por calor es empoderar al trabajador para tomar decisiones preventivas. Las buenas prácticas actuales en prevención están evolucionando hacia modelos donde el empleado tiene capacidad real para: Detener temporalmente una tarea si detecta síntomas de estrés térmico. Solicitar pausas adicionales sin penalización. Buenas prácticas en PRL ante el calor extremo: conducta, toma de decisiones y nuevos retos psicosociales en la Administración pública Julián Jesús Moscoso Gil Jefe del Servicio de Prevención “Campiña Sur Cordobesa”

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