Formación de Seguridad Laboral 205

/ Enero-Febrero 2026 12 entrevista recientemente en Colombia. Queremos generar herramientas que traduzcan la complejidad normativa, como la Ley 2/2025, en protocolos aplicables, asegurando que la transferencia de conocimiento llegue directamente al técnico que está a pie de campo. Desde el ámbito universitario, ¿qué papel debe desempeñar la investigación aplicada en prevención de riesgos laborales para anticipar los efectos de las futuras reformas legales y no limitarse únicamente a analizarlas a posteriori? La universidad no es solo un espacio de formación académica: es, ante todo, un motor de conocimiento y de transformación social. La investigación que desarrollamos es la base que nos permite comprender el mundo, cuestionarlo y mejorar nuestras realidades. Pero, investigar no basta por sí mismo. Necesitamos que ese conocimiento salga de la universidad y se vincule estrechamente con la sociedad. La transferencia de la investigación es un puente: conecta ideas con soluciones, teoría con práctica, ciencia con vida cotidiana. Para lograrlo, es necesario contar con la participación de los trabajadores y de las empresas. Las empresas son motor económico y no debemos limitarnos a detectar sus necesidades de formación, sino también analizar sus inquietudes de desarrollo e investigación, e incorporarlas como participantes activos en nuestros estudios. La universidad no puede ser un mero espectador pasivo. Para anticiparnos y detectar problemas y futuras necesidades, participamos activamente en grupos de investigación que abordan realidades inminentes, como los límites a la conectividad permanente en el trabajo o el uso de inteligencia artificial para la prevención de síntomas en los trabajadores. Al investigar estos desafíos hoy, generamos el conocimiento técnico necesario para que, cuando llegue la futura regulación, las empresas y los técnicos ya cuenten con herramientas probadas para implementarla con éxito. La normativa comienza a incorporar de forma más clara los riesgos asociados a la digitalización. ¿Qué riesgos emergentes considera prioritario integrar en los sistemas preventivos en el corto y medio plazo? La digitalización trae consigo desafíos ineludibles. Actualmente, una de nuestras líneas prioritarias, en colaboración con grupos de investigación, es el estudio de los límites a la conectividad permanente y su impacto en la salud y la competitividad empresarial. Es fundamental abordar los riesgos psicosociales derivados de la hiperconexión. Asimismo, no debemos ver la tecnología sólo como un riesgo, sino como una solución; por ello estamos explorando el uso de inteligencia artificial, como el algoritmo K-means, para predecir y prevenir síntomas en poblaciones trabajadoras. ¿Qué competencias técnicas y transversales deberían reforzarse entre los profesionales de la PRL para afrontar este nuevo marco normativo con solvencia? Más allá del dominio técnico de la ley, que cubrimos con formación especializada, el profesional de hoy necesita una visión humanista y estratégica. Las competencias clave ahora incluyen el liderazgo estratégico, la capacidad de gestión del bienestar emocional y la habilidad para interpretar datos complejos en un entorno cada vez más tecnificado. Como observatorio de referencia, ¿qué mensaje trasladaría a empresas y técnicos ante el nuevo escenario que se abre con la Ley 2/2025? El mensaje es de oportunidad y colaboración. La Ley 2/2025 no debe verse como una carga burocrática, sino como una herramienta para la humanización de la asistencia y el trabajo. Desde la Cátedra PREVION, invitamos a todos los actores a apoyarse en la investigación y la formación continua para construir entornos seguros. La prevención eficaz nace de la unión entre el rigor académico y la realidad práctica de las empresas.

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